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Cafetalera puneña fue reconocida con la Medalla Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego 2021

Vicentina Phocco animó a sus compañeras de trabajo y les dijo que ellas también pueden lograrlo

Vicentina Phocco: “A mis hermanas del campo les digo que sigamos adelante, sí se puede”. Foto: ANDINA/Difusión

Texto de Nathaly Jimenez / Agencia Andina

 

Vicentina Phocco, caficultora puneña condecorada con la Medalla Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego 2021, es sinónimo de una vida llena de esfuerzos y valentía. Una madre de familia que sufrió la pérdida de dos de sus cuatro hijos y dejó las labores del hogar, para dar inicio al sueño de su propia finca cafetalera.

Nacida en Puno, en el centro poblado de Aricato, hace 47 años, Vicentina creció en una familia de escasos recursos. El amor por el café lo heredó de sus padres, quienes también eran cafetaleros. A los 7 años, Vicentina aprendió a cultivar granos y apoyar en la chacra de su familia.
Cuando comenzó,  junto a su esposo Pablo Mamani, se dio cuenta de que los ingresos que obtenían apenas le alcanzaba para poder sobrevivir. Fue así que en el 2004, junto a su esposo y con el apoyo de su suegro, inició una pequeña finca ubicada en el distrito de Alto Inambari, de la provincia de Sandia, en la región Puno.
“Mi suegro nos dio un pequeño terreno para poder cultivar nuestros primeros granos de maíz y junto a mi esposo, hemos seguido creciendo, este año hemos aumentado una hectárea más de terreno para nuestros cultivos”, manifestó a la Agencia Andina.
“Es difícil el cultivo de café, comprar, lavar, no tenemos tiempo”, menciona Vicentina al recordar los primeros años de su finca. Un trabajo que llevo a la pareja a levantarse a las tres de la mañana y  empezar un recorrido de 30 minutos para llegar a sus tierras, iniciar la dura cosecha y regresar a casa, totalmente agotados de tal ardua labor.
Empero, el motor a ese esfuerzo era y es el objetivo de un mejor futuro para sus hijos.

Dolor y coraje

Un suceso trágico marcó la vida de Vicentina. Dos de sus hijos mayores perdieron la vida en un accidente de tránsito en la carretera de Inambari; el dolor la derrumbó por completo y dejó sus sueños a un lado. La tristeza la consumía, pero fueron sus vecinos caficultores de la Cooperativa Túpac Amaru, quienes la motivaron a seguir.
“Yo ya no iba a la chacra, los vecinos me animaron cada día más y más…”, declara Vicentina, al recordar que tomó la decisión de trabajar mucho más duro y logró que su café,  no solo sea reconocido en el país sino también en el mundo.
El 2018, el café de Vicentina se consagró con el Premio Mundial al Mejor Café de Calidad, en la categoría pequeños productores, de la feria Global Specialty Coffee EXPO Seattle 2018, realizada en Estados Unidos.
Este reconocimiento lo obtuvo gracias a su gran trabajo y el apoyo de Central de Cooperativas Agrarias Cafetaleras de los Valles de Sandia (Cecovasa), de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) y del municipio de Alto Inambari.
Y desde entonces, los triunfos no han parado para esta pujante mujer. El 1 de julio del 2021 se hizo acreedora de la Medalla Midagri 2021, recibiendo el reconocimiento “Contribución a la Competitividad en la Agricultura Familiar de la Mujer Agraria” de manos del presidente Francisco Sagasti en el Palacio de Gobierno.

Orgullo

“Fue una sorpresa y estoy orgullosa. Esta medalla no es solo para mí, sino para todas las mujeres que labramos la tierra día y día. Yo se los dedico a todas las mujeres trabajadoras de la costa, sierra y selva”, enfatizó.
Con este reconocimiento, la nuevas meta de Vicentina es capacitarse con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego para seguir expandiendo su producción y llevar su café a más países del mundo, para hacer conocido no solo su trabajo sino el de todos los cafetaleros peruanos.
“Me siento alegre de ser una mujer trabajadora y se lo comparto con todas mis vecinas de la Cooperativa, espero que ellas ganen el próximo año”, nos dice emocionada.
Hoy Vicentina siente haber llegado lejos, su hija se encuentra estudiando en la Universidad Altiplano de Puno y su pequeño de 7 años corre siempre sonriente por la finca, aquel lugar de trabajo que dejó de ser un sueño para convertirse en realidad (Por Nathaly Jimenez).

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Written by Logro Peruano

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